Nos
alistábamos para ir a la procesión del Señor de los Milagros, salida de la que
mi octogenario suegro no pensaba participar, por mi parte traté infructuosamente
de convencerlo con un “vamos a comer anticuchos Don Bernardo” y con un “por Las
Nazarenas hay una anticucheras negras con un potaso”.
Al
momento de salir, al ver a mi suegro cabeceando de sueño en la sala, le dije a
mi suegra:
Elmo:
No va a insistir para que nos acompañe.
Mi
suegra: No, Bernardo ya está viejo, solo piensa en comer y dormir.
Elmo:
No me parece bien que se exprese así de Don Bernardo, mire que yo lo tenté con
las anticucheras potonas de Las Nazarenas y ni
aún así quiso ir, eso creo que tiene un mérito.
Mi suegra:
Pues que eso te sirva de ejemplo.
Mil respuestas
se agolparon en mi mente, todas las deseche con la misma velocidad que
aparecieron, concluí que cualquiera cosa que dijera no abonaría para nada a mi
favor, dirigiéndome a Elmito le dije “vamos campeón, dame la mano” y nos
adelantamos en el camino.