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miércoles, 6 de septiembre de 2017

Un día para soñar

Hoy no es un día de miércoles, es un día especial, un día para soñar, una fecha para recordar; después del triunfo de Perú ante Ecuador solo falta que AG le haga compañía a Alberto y a Ollanta para que los peruanos toquemos el cielo o "podamos morirnos tranquilos" según Don Goyo.


Fuente: Internet

Rusia ya nos da la bienvenida cuando nadie daba nada por la selección peruana.


Las cábalas nos sonríen.


Y hasta el revanchismo de las mujeres es bienvenido.  


Que nunca habíamos ganado en Quito, eso no fue problema, solo teníamos que creerlo, como había que hacerlo con Cáceda, ¡Grande la Pantera!. ¡Cuando tengan ganas de lapidar, no lapiden a los que empiezan!



Hurtado, Cueva y Flores son reales, créanlo son purita realidad, no son fantasía como esos “4 fantásticos” que nos dejaron sin ir a varios mundiales, no lo digo ahora, lo dije hace mucho tiempo. El único rescatable de los 4 es Guerrero, que a pesar de sus engreimientos no deja de darse por entero por la selección, porque sigue siendo un “pata de barrio” y no se inventa “costumbres de blancos”

Gareca aprendió, de la manera más larga y dura, que el fútbol es un deporte en equipo y se juega con hombres y no con nombres. ¡Que lloren las viudas de Farfán, Vargas, Pizarro y Lapadula!


Ahora vienen Argentina y Colombia, no les hagan caso a los que “presupuestan" perder ante Argentina, esos maricones no saben nada de fútbol, cuando uno sale a la cancha sale a ganar, no sale a empatar ni a perder. Y mucho menos en estas circunstancias.

Elmo Nofeo
D.T. Honoris Causa

sábado, 19 de julio de 2008

Los destornilladores y yo

Debo confesar que soy un fanático de las herramientas, en especial de las relacionadas con la electrónica, la carpintería y la mecánica; pero sobre todo soy comprador-compulsivo-de-destornilladores, aclaro esto porque lo mío no se asemeja en nada al hábito de compra compulsiva de las mujeres, de las que su mejor exponente es mi esposa: un día se aparece con una pieza de cristal, al día siguiente con un peluche, al subsiguiente con unas flores sintéticas, al otro día con un marco de cuadro y así hasta el infinito, pero siempre esgrimiendo la misma y única razón “es que me gustó”.


No compro lo primero que se aparece ante mis ojos, puedo reconocer cuando se trata de una buena compra o no, me tomo el trabajo de revisar el producto, su origen y sus características, hago comparaciones de precios con otros establecimientos y soy capaz de esperar un año para que un producto aparezca otra vez en oferta, como ocurrió con un multímetro que en el 2006 estuvo en oferta por el Día del Padre en RadioShack y que por falta de dinero no puede comprar ese año, espere las ofertas de Fiestas Patrias 2006 y nada, espere las ofertas de fin de año 2006 y nada, las ofertas por el Día de San Valentin 2007 y nada, las ofertas por el Día de la Madre 2007 y nada, hasta que por fin otra vez estuvo en oferta durante una semana por el Día del Padre 2007.

Entonces queda demostrado que soy un buen comprador. No compro lo que no necesito así me lo ofrezca una chiquilla en una malla apretadísima que promociona artículos de limpieza para autos de una marca de reciente aparición. Lo único que compro compulsivamente son destornilladores.

La razón de esta conducta la descubrí por mis propios medios sin la necesidad de ningún psicoterapeuta, esos especimenes de la fauna médica que hacen que les cuentes tu vida y escogen el episodio más ingrato para relacionarlo con el trauma que te aqueja y que siempre le encuentran alguna connotación sexual a tus problemas. ¡No señor psicoterapeuta!, lo mío no es un problema sexual ni el destornillador tiene un simbolismo fálico.

Todo comenzó cuanto tenía 3 años de edad y una inocencia del tamaño de mi curiosidad, de los cuales tengo borrosos recuerdos (atribuibles a los hechos que narro a continuación), cuenta mi madre (aka Mamuska) que a raíz de haber introducido un clavo en uno de los tomacorrientes de la casa, luego de recibir la descarga eléctrica correspondiente, corrí a esconderme debajo de la cama de la cual no salí hasta que llegará papá (aka El viejo).

Fue ese acontecimiento el que me cambió la vida, no me dio superpoderes, lo cual hubiera sido fenomenal, de sólo imaginar a un SuperElmo me produce una ancha sonrisa, pero como en países subdesarrollados no nacen superhéroes (el Chapulín Colorado no califica como tal) sólo me creó la necesidad de dominar al “monstruo de la paredes” (léase la corriente eléctrica) y que se convirtió en el descubrimiento temprano de mi vocación.

Trate de olvidar dicho episodio con pasatiempos que iba inventando, en especial uno que consistía en la caza de hormigas. Resulta que de niño gustaba de matar hormigas usando un método de mi invención que nos dejó a mi padre a y mí sin destornilladores. En casa no había un sólo destornillador utilizable y siempre había que pedir prestado a los vecinos, porque destornillador que El viejo compraba yo le daba curso.

Desde entonces, en aras de descubrir los misterios de la electricidad, me dedique a desarmar todo aparato que usara electricidad en la casa, lo cual hacía en ausencia de mis padres e incluso tenía un cronograma hecho, cada fin de semana mientras mis padres daban rienda suelta a su espíritu juerguero, yo le daba curso a la radiola (en esa época no había equipo de sonido), el televisor, la refrigeradora, la plancha, la lustradora, a los que desarmaba con inexorable éxito y armaba con dudosos resultados, esto último lo supongo por las piezas que me sobraban y que se constituyeron en mi primer lote de repuestos.

A los 8 años, El viejo me hizo ayudante de un amigo suyo que arreglaba radios y televisores en el barrio, lo que transcurrió sin mayores contratiempos y que sirvió para reafirmar mi vocación.

Al cumplir los 10 años mi padre comprendió que le salía más barato mandarme a estudiar electrónica a un CENECAPE (si no sabes que es pregúntale a tu papá) que mandar a arreglar los artefactos de la casa que yo me empeñaba en desarmar, o sea que me gané ese derecho a punta de mucho trabajo y esfuerzo. Es así que a los 13 años obtuve mi primer título a nombre de la nación como Técnico en Electrónica.

Para efectos de las clases en el CENECAPE me compró todo lo necesario para iniciarme en el mundo de la electrónica, excepto los destornilladores, fue entonces cuando me creó el trauma al espetarme "toda la vida me has quemado los destornilladores, ahora tú te vas comprar tus destornilladores" y lo juró "por Dios que los destornilladores no te los compro".

Desde entonces compro destornilladores casi todos los meses, tengo en casa alrededor de 200 destornilladores, sin contar los que regale o perdí.

Amigo(a) blogleyente, si sabe de alguna cura que no sea la acupuntura o la psicoterapia (los cuales ya probe y descarte), hágamelo saber por este medio, le quedare eternamente agradecido.

domingo, 10 de diciembre de 2006

Cronwell Galvez

Estas palabras están dedicadas a rescatar el verdadero significado de la palabra hombre.

A los largo de mi vida he tenido muchos ídolos, cantantes como Santana, Jonh Lennon o políticos como Fidel Castro y Roberto Ramirez del Villar. Tambien he tenido héroes, desde los imaginarios Superman y Flash, hasta los reales como el Chapulin Colorado.

A mis cuarenta debo reconocer, que aunque no he olvidado a mis ídolos y héroes de antaño, mi mayor ídolo es Cronwell Galvez.

Y es que Cronwell tuvo el coraje de hacer realidad el sueño de todo hombre, las mujeres más deseadas del país pasaron a formar parte de su haber y de sus fantasías (convertidas en realidad). Además, de su calidad de gente pueden dar fe sus amigos con quienes compartió sus aventuras de sábana.

Pero también tuvo la hidalguía de pagar sus culpas, porque hombre no es aquel que que se trompea con cualquiera o que se emborracha hasta el suelo, hombre es aquel que asume todas las consecuencias de sus actos.

Cronwell es la versión actual de Robin Hood, que haciendo uso del dinero de los ricos procuró la felicidad de los más necesitados.

Si alguna vez viste a alguien con un polo estampado con la leyenda "Liberen a Cronwell", pues ese era yo.

Y por último, todos llevamos un Cronwell dentro, todos hemos tenido las mismas fantasías y quien dice que no, o miente o es gay.