Corría el año 89, en el Perú la subversión arreciaba, en las calles se vivía un clima de guerra, los edificios llevaban en las ventanas cintas adhesivas para evitar los pedazos de vidrios transformados en esquirlas, los locales públicos contaban con barricadas y las comisarias se habían convertido en pequeños fortines donde se refugiaban y protegían los policías entre ellos, al resto sólo nos quedaba encomendarnos a Dios; dos explosiones me tocaron muy cerca, la del BCP de Juan de Arona y la de la comisaria de Faucett y Colonial.
Confieso que muchas veces he actuado como un energúmeno, Mamuska y mi esposa siempre han evitado que mi actos lleguen al extremo de ocasionarme algún problema con la justicia, a manera de descargo debo decir que he nacido y vivido todos mis años en el Callao, soy hijo de madre arequipeña y padre puneño, por lo que no esperen que por mi venas corra sangre sino un peligrosísimo cóctel; más bravo, orgulloso y terco que yo, no hay. Mamuska le decía a mi esposa cuando estábamos de novios "Elmo es mi mejor hijo y es un buen hombre, pero cuando se terquea, no sé qué vas a hacer".
Aquel día había pedido permiso en el trabajo para acompaña a Mamuska a realiza unos trámites en el Poder Judicial del Callao, salimos de casa con la debida anticipación, en el paradero inicial del Enatru* la cola estaba vacía como evidencia de la reciente salida de uno de ellos, fuimos los primeros en la cola. A los 10 minutos un Enatru salió de la planta que se encontraba a una cuadra del paradero inicial y paso de largo, con la calma que proporciona el haber salido con tiempo decidimos esperar el siguiente Enatru, a los 15 minutos salió el siguiente Enatru que también paso de largo, en la cola una 50 personas empezaban a impacientarse, algunos abandonaron la cola en busca de un colectivo o un taxi. Nuevamente a esperar otros 15 minutos, salió otro Enatru y a diferencia de los dos anteriores, sobreparó al inicio de la cola, abrió la puerta delantera y cuando la cola empezaba a moverse para abordar el bus, el chofer cerró la puerta y arrancó mientras su risa y la de su acompañante se escucharon hasta afuera.
Mamuska que era la primera en la cola, tomó la palabra en su condición de líder circunstancial de aquella masa y habló "Señores estos cojudos se están burlando de nosotros, hace tres horas** que estamos esperando y estos malditos lo que hacen es reírse de nosotros, vamos a masacrarlos** para demostrarles que tenemos dignidad", un murmullo creciente se generó en la cola ya transformada en multitud y sonaron los primeros "¡Vamos!". Mamuska se puso a la cabeza de dicha multitud en dirección a la planta de los Enatru.
Conociéndola como me conozco a mí, en especial mi vertiente arequipeña, me empleé a fondo para persuadirla e incluso la amenacé "no voy a pedir permiso otra vez, así que hoy tenemos que salir de todos esos trámites" para sacarla de la turba formada, tomamos un taxi y nos dirigimos a nuestro destino. En el transcurso del día, aquel incidente fue olvidado.
Al día siguiente, al dirigirme al paradero para abordar el Enatru para ir al trabajo, la cola estaba larguísima, intenté tomar un taxi y no había ninguno libre, con suerte puede tomar un colectivo que nos cobró con sobreprecio. En el colectivo, los otros pasajeros me fueron poniendo al corriente de las noticias, Enatru había decidido suspender el servicio por tiempo indefinido debido a que dos de sus unidades habían sido apedreadas y en los diarios se hablaba de una acción subversiva.
Al regresar a casa le reclame a Mamuska:
- Por su culpa llegue tarde al trabajo.
- Pero si yo te levanté temprano***.
- No es por eso, si no que por su culpa no había movilidad.
- ¿Y yo qué tengo que ver?
- ¿Recuerda lo de ayer?, la gente de ayer apedreó dos Enatrus y por eso nos han dejado sin buses.
- Ay Elmo, como son las palabras no, con ellas puedes hace daño sin querer.
El servicio fue repuesto una semana después. Y cada vez que Mamuska me reclama mi terquedad, yo le recuerdo “la vez que ordenó apedrear los Enatrus”
El pueblo peruano olvida los malos gobiernos, tolera la corrupción, hasta se hace la vista gorda ante la sinvergüencería pero se enardece ante la burla, el cinismo y la matonería.
Es por eso que cuando veo/escucho/leo en la prensa a los “entendidos en el tema de la subversión” sólo me queda pensar “¿Y a éste quien le paga?” o “¿Qué marca de cigarrillo esta fumando?”
* Así se llamaban los buses, en honor al nombre de la empresa que servía a Lima antes de la llegada de las combis asesinas y de los alcaldes rompe-calles.
** Muestras del sentido de la exageración de Mamuska.
*** Mamuska siempre se levanta temprano, excepto cuando hubo una jarana que sólo ella sabe organizar.
domingo, 21 de septiembre de 2008
domingo, 7 de septiembre de 2008
Ser blogger es ...
En estos días de Blogday, de verdaderos bloggers premiados, de falsos bloggers igualmente premiados, de bloggers metidos a periodistas, de periodistas metidos a bloggers, de prensa adicta a la publicidad estatal, de periodistas cuyo título vale menos que las moneditas plateadas entregadas como vuelto en la compañía telefónica y de espacios cerrados para todo el que piense diferente, es necesario rescatar el verdadero significado de ser blogger:
Ser blogger es,
en una sola palabra,
escribir por puro placer
y ningún placer se logra con ataduras.
Ser blogger es escribir,
como diría el Chavo del Ocho,
escribir cuando me dé la gana,
sobre lo que dé la gana
y como me dé la reverenda gana;
pero sin imposiciones y respetando
las opiniones de los demás.
Ser blogger es escribir,
sin tener que pensar igual que los demás
ni tratar de ser exclusivo,
en esto esta el secreto de la originalidad,
no porque al resto no le gusta Arjona
a mi tampoco me ha de gustar,
no porque ahora a los demás le gusta Juaneco
a mi me debe dejar de gustar.
Ser blogger es escribir,
sin tener que tener un post listo para una fecha,
ser un blogger a sueldo debe ser algo
así como periodista a sueldo,
cura vendedor o futbolista que hace goles por dinero;
de esos ya sabemos y tenemos bastante.
Ser blogger es escribir,
sin tener que subastar mis valores
cual panelista de Laura Bozzo,
sin poner en tela de juicio el honor de mi familia
o de las personas que me rodean
por un simple indicador de éxito,
ya sea un premio, número de visitas o de comentarios.
Ser blogger es escribir,
sin figuretismo alguno,
sin esperar fama, reconocimiento o premio,
estos pueden llegar o no,
lo más importante para un blogger
son los comentarios de sus visitantes.
Ser blogger es escribir,
sin intenciones escondidas,
sin afanes monetarios ni mercantilistas,
nada de publicidad y avisos dudosos,
nada de promesas fáciles para hacerse millonario,
un blogger angurriento siempre termina
escribiendo basura o copiando.
Ser blogger es escribir,
sin animos revanchistas,
sin tratar de vivir otra vida,
sin poder enfrentar al que no puede enfrentar en la vida real,
sin hacer el papel de cobarde anónimo,
sin descalificar al que no piensa como yo
o al que no es favorecido con mi amistad.
Por tanto no acepto "coméntame que yo ya te comenté",
no acepto "intercambiemos links",
si tu me enlazas no me obliga a enlazarte,
si me incluyes un tu blogroll no tengo que hacer lo mismo,
mi blogroll es únicamente para mi uso personal,
me ayuda a tener a la manos los blogs que suelo leer y disfrutar.
Eso si todos los comentarios
merecen una respuesta de mi parte, excepto los anónimos.
Ser blogger es ser libre de pensar, de decir y de escribir.
P.D. Frank Michael gracias por el premio "Chuck Norris Award, por ser un blog bien macho", me parece muy gracioso. En cuanto al meme, yo no hago memes, pero en este post vas a encontrar mis razones.
Ser blogger es,
en una sola palabra,
escribir por puro placer
y ningún placer se logra con ataduras.
Ser blogger es escribir,
como diría el Chavo del Ocho,
escribir cuando me dé la gana,
sobre lo que dé la gana
y como me dé la reverenda gana;
pero sin imposiciones y respetando
las opiniones de los demás.
Ser blogger es escribir,
sin tener que pensar igual que los demás
ni tratar de ser exclusivo,
en esto esta el secreto de la originalidad,
no porque al resto no le gusta Arjona
a mi tampoco me ha de gustar,
no porque ahora a los demás le gusta Juaneco
a mi me debe dejar de gustar.
Ser blogger es escribir,
sin tener que tener un post listo para una fecha,
ser un blogger a sueldo debe ser algo
así como periodista a sueldo,
cura vendedor o futbolista que hace goles por dinero;
de esos ya sabemos y tenemos bastante.
Ser blogger es escribir,
sin tener que subastar mis valores
cual panelista de Laura Bozzo,
sin poner en tela de juicio el honor de mi familia
o de las personas que me rodean
por un simple indicador de éxito,
ya sea un premio, número de visitas o de comentarios.
Ser blogger es escribir,
sin figuretismo alguno,
sin esperar fama, reconocimiento o premio,
estos pueden llegar o no,
lo más importante para un blogger
son los comentarios de sus visitantes.
Ser blogger es escribir,
sin intenciones escondidas,
sin afanes monetarios ni mercantilistas,
nada de publicidad y avisos dudosos,
nada de promesas fáciles para hacerse millonario,
un blogger angurriento siempre termina
escribiendo basura o copiando.
Ser blogger es escribir,
sin animos revanchistas,
sin tratar de vivir otra vida,
sin poder enfrentar al que no puede enfrentar en la vida real,
sin hacer el papel de cobarde anónimo,
sin descalificar al que no piensa como yo
o al que no es favorecido con mi amistad.
Por tanto no acepto "coméntame que yo ya te comenté",
no acepto "intercambiemos links",
si tu me enlazas no me obliga a enlazarte,
si me incluyes un tu blogroll no tengo que hacer lo mismo,
mi blogroll es únicamente para mi uso personal,
me ayuda a tener a la manos los blogs que suelo leer y disfrutar.
Eso si todos los comentarios
merecen una respuesta de mi parte, excepto los anónimos.
Ser blogger es ser libre de pensar, de decir y de escribir.
P.D. Frank Michael gracias por el premio "Chuck Norris Award, por ser un blog bien macho", me parece muy gracioso. En cuanto al meme, yo no hago memes, pero en este post vas a encontrar mis razones.
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miércoles, 27 de agosto de 2008
Totalmente en blanco
Su, nuestra jefa, había reunido a todo el personal de la oficina para conocer las necesidades del área ahora que hay nueva administración.
En primera fila me encontraba yo sentado al lado de Dimas, un colega negro. Su promete preparar un memorandum que hará llegar al nuevo jefe con nuestras necesidades, uno de los colegas sugiere colocar nuestras firmas en una hoja y adjuntarlo el memorandum, la idea es aceptada por Su:
Su: ¿Alguién tiene una hoja en blanco?
Elmo: ¡Yo! (mientras le alcanzaba una hoja membretada en blanco).
Su: Dije blanco, hoja en blanco (con un tono de reproche).
Dimas: Señorita yo tengo hojas en blanco (y se dispuso a sacar una hoja de su maletín).
Elmo: ¡No toques la hoja!, la jefa dijo hoja en blanco, abre tu maletín y yo saco la hoja.
Otro colega: (en medio de la risotada general) Señorita Su eso es racismo.
Su: Bueno, ustedes ya conocen a Elmo.
...
y procedimos a dejar nuestras firmas.
En primera fila me encontraba yo sentado al lado de Dimas, un colega negro. Su promete preparar un memorandum que hará llegar al nuevo jefe con nuestras necesidades, uno de los colegas sugiere colocar nuestras firmas en una hoja y adjuntarlo el memorandum, la idea es aceptada por Su:
Su: ¿Alguién tiene una hoja en blanco?
Elmo: ¡Yo! (mientras le alcanzaba una hoja membretada en blanco).
Su: Dije blanco, hoja en blanco (con un tono de reproche).
Dimas: Señorita yo tengo hojas en blanco (y se dispuso a sacar una hoja de su maletín).
Elmo: ¡No toques la hoja!, la jefa dijo hoja en blanco, abre tu maletín y yo saco la hoja.
Otro colega: (en medio de la risotada general) Señorita Su eso es racismo.
Su: Bueno, ustedes ya conocen a Elmo.
...
y procedimos a dejar nuestras firmas.
martes, 12 de agosto de 2008
En paz.
Cuando partiste yo me quede esperando,
de mi niñez apenas había salido
pero me sentía capaz de amar,
tú sólo me mirabas como a un niño.
Todas las tardes después del colegio,
iba con una piedra recogida al paso
y la tiraba al mar con todas mi fuerzas,
mientras gritaba con el alma en la mano.
Desde entonces odie al mar que te permitió partir,
pero hoy que me trajo tu nombre,
hoy que he vuelto tu fragancia a percibir,
hemos hecho las paces para siempre.
sábado, 2 de agosto de 2008
Con los años ...
Con el paso de los años vas a tener que aprender que:
- Un silencio vale más que mil palabras.
- Pedir perdón equivale a todas las excusas que puedas inventar.
- Sólo conoces una parte de la verdad, la otra parte la conocen los demás.
- Enamorarte es fácil, lo difícil es enamorarte de la persona correcta.
- El reto de un hombre no es tener a la chica que nos gusta, sino en hacer feliz a una mujer.
- Dios es mucho más de lo que puedas creer o imaginar.
- Las mujeres son divinas, no trates de entenderlas.
- La única obligación que tienes con tus padres, es ser feliz.
- Lo único que puedes pedir a tus padres, es el ejemplo.
- El único amor incondicional es el de una madre, en todos los demás siempre hay algún tipo de concesión.
- No hay padre perfecto.
- En realidad, no tienes muchos amigos, la mayoría sólo dice serlo.
- Es bueno tener unos ahorros.
- Es verdaderamente imposible que un político sienta vergüenza.
- Hacer empresa en el país por la legal es imposible.
- Unos principios y unas herramientas harán tu vida más llevadera.
- La televisión es un nido de mentiras.
- La tecnología se ha hecho para fallar, no puedes confiar en ella.
- El cigarro suplía tu falta de personalidad y si sigues fumando es por puro vicio.
- No eres tan fuerte, poderoso, ni influyente como creías.
- La vida esta llena de trampas, no la tomes en serio.
- Los sentimientos, al igual que los hijos, tienen sus propias vidas, no trates de detenerlos.
- El tiempo es al mejor juez y la vida el mejor verdugo.
- No hay mejores ni peores que tú, sólo son diferentes.
- No trates de ser diferente porque ya lo eres, sólo muéstrate tal como eres.
- El dinero sólo te financia las satisfacciones más personales y fugaces.
- Se puede ser feliz con las personas que amas a la distancia.
- La felicidad no es un estado, es un proceso.
- La juventud es corta y la vejez es larga.
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sábado, 19 de julio de 2008
Los destornilladores y yo
Debo confesar que soy un fanático de las herramientas, en especial de las relacionadas con la electrónica, la carpintería y la mecánica; pero sobre todo soy comprador-compulsivo-de-destornilladores, aclaro esto porque lo mío no se asemeja en nada al hábito de compra compulsiva de las mujeres, de las que su mejor exponente es mi esposa: un día se aparece con una pieza de cristal, al día siguiente con un peluche, al subsiguiente con unas flores sintéticas, al otro día con un marco de cuadro y así hasta el infinito, pero siempre esgrimiendo la misma y única razón “es que me gustó”.

No compro lo primero que se aparece ante mis ojos, puedo reconocer cuando se trata de una buena compra o no, me tomo el trabajo de revisar el producto, su origen y sus características, hago comparaciones de precios con otros establecimientos y soy capaz de esperar un año para que un producto aparezca otra vez en oferta, como ocurrió con un multímetro que en el 2006 estuvo en oferta por el Día del Padre en RadioShack y que por falta de dinero no puede comprar ese año, espere las ofertas de Fiestas Patrias 2006 y nada, espere las ofertas de fin de año 2006 y nada, las ofertas por el Día de San Valentin 2007 y nada, las ofertas por el Día de la Madre 2007 y nada, hasta que por fin otra vez estuvo en oferta durante una semana por el Día del Padre 2007.
Entonces queda demostrado que soy un buen comprador. No compro lo que no necesito así me lo ofrezca una chiquilla en una malla apretadísima que promociona artículos de limpieza para autos de una marca de reciente aparición. Lo único que compro compulsivamente son destornilladores.
La razón de esta conducta la descubrí por mis propios medios sin la necesidad de ningún psicoterapeuta, esos especimenes de la fauna médica que hacen que les cuentes tu vida y escogen el episodio más ingrato para relacionarlo con el trauma que te aqueja y que siempre le encuentran alguna connotación sexual a tus problemas. ¡No señor psicoterapeuta!, lo mío no es un problema sexual ni el destornillador tiene un simbolismo fálico.
Todo comenzó cuanto tenía 3 años de edad y una inocencia del tamaño de mi curiosidad, de los cuales tengo borrosos recuerdos (atribuibles a los hechos que narro a continuación), cuenta mi madre (aka Mamuska) que a raíz de haber introducido un clavo en uno de los tomacorrientes de la casa, luego de recibir la descarga eléctrica correspondiente, corrí a esconderme debajo de la cama de la cual no salí hasta que llegará papá (aka El viejo).
Fue ese acontecimiento el que me cambió la vida, no me dio superpoderes, lo cual hubiera sido fenomenal, de sólo imaginar a un SuperElmo me produce una ancha sonrisa, pero como en países subdesarrollados no nacen superhéroes (el Chapulín Colorado no califica como tal) sólo me creó la necesidad de dominar al “monstruo de la paredes” (léase la corriente eléctrica) y que se convirtió en el descubrimiento temprano de mi vocación.
Trate de olvidar dicho episodio con pasatiempos que iba inventando, en especial uno que consistía en la caza de hormigas. Resulta que de niño gustaba de matar hormigas usando un método de mi invención que nos dejó a mi padre a y mí sin destornilladores. En casa no había un sólo destornillador utilizable y siempre había que pedir prestado a los vecinos, porque destornillador que El viejo compraba yo le daba curso.
Desde entonces, en aras de descubrir los misterios de la electricidad, me dedique a desarmar todo aparato que usara electricidad en la casa, lo cual hacía en ausencia de mis padres e incluso tenía un cronograma hecho, cada fin de semana mientras mis padres daban rienda suelta a su espíritu juerguero, yo le daba curso a la radiola (en esa época no había equipo de sonido), el televisor, la refrigeradora, la plancha, la lustradora, a los que desarmaba con inexorable éxito y armaba con dudosos resultados, esto último lo supongo por las piezas que me sobraban y que se constituyeron en mi primer lote de repuestos.
A los 8 años, El viejo me hizo ayudante de un amigo suyo que arreglaba radios y televisores en el barrio, lo que transcurrió sin mayores contratiempos y que sirvió para reafirmar mi vocación.
Al cumplir los 10 años mi padre comprendió que le salía más barato mandarme a estudiar electrónica a un CENECAPE (si no sabes que es pregúntale a tu papá) que mandar a arreglar los artefactos de la casa que yo me empeñaba en desarmar, o sea que me gané ese derecho a punta de mucho trabajo y esfuerzo. Es así que a los 13 años obtuve mi primer título a nombre de la nación como Técnico en Electrónica.
Para efectos de las clases en el CENECAPE me compró todo lo necesario para iniciarme en el mundo de la electrónica, excepto los destornilladores, fue entonces cuando me creó el trauma al espetarme "toda la vida me has quemado los destornilladores, ahora tú te vas comprar tus destornilladores" y lo juró "por Dios que los destornilladores no te los compro".
Desde entonces compro destornilladores casi todos los meses, tengo en casa alrededor de 200 destornilladores, sin contar los que regale o perdí.
Amigo(a) blogleyente, si sabe de alguna cura que no sea la acupuntura o la psicoterapia (los cuales ya probe y descarte), hágamelo saber por este medio, le quedare eternamente agradecido.
Entonces queda demostrado que soy un buen comprador. No compro lo que no necesito así me lo ofrezca una chiquilla en una malla apretadísima que promociona artículos de limpieza para autos de una marca de reciente aparición. Lo único que compro compulsivamente son destornilladores.
La razón de esta conducta la descubrí por mis propios medios sin la necesidad de ningún psicoterapeuta, esos especimenes de la fauna médica que hacen que les cuentes tu vida y escogen el episodio más ingrato para relacionarlo con el trauma que te aqueja y que siempre le encuentran alguna connotación sexual a tus problemas. ¡No señor psicoterapeuta!, lo mío no es un problema sexual ni el destornillador tiene un simbolismo fálico.
Todo comenzó cuanto tenía 3 años de edad y una inocencia del tamaño de mi curiosidad, de los cuales tengo borrosos recuerdos (atribuibles a los hechos que narro a continuación), cuenta mi madre (aka Mamuska) que a raíz de haber introducido un clavo en uno de los tomacorrientes de la casa, luego de recibir la descarga eléctrica correspondiente, corrí a esconderme debajo de la cama de la cual no salí hasta que llegará papá (aka El viejo).
Fue ese acontecimiento el que me cambió la vida, no me dio superpoderes, lo cual hubiera sido fenomenal, de sólo imaginar a un SuperElmo me produce una ancha sonrisa, pero como en países subdesarrollados no nacen superhéroes (el Chapulín Colorado no califica como tal) sólo me creó la necesidad de dominar al “monstruo de la paredes” (léase la corriente eléctrica) y que se convirtió en el descubrimiento temprano de mi vocación.
Trate de olvidar dicho episodio con pasatiempos que iba inventando, en especial uno que consistía en la caza de hormigas. Resulta que de niño gustaba de matar hormigas usando un método de mi invención que nos dejó a mi padre a y mí sin destornilladores. En casa no había un sólo destornillador utilizable y siempre había que pedir prestado a los vecinos, porque destornillador que El viejo compraba yo le daba curso.
Desde entonces, en aras de descubrir los misterios de la electricidad, me dedique a desarmar todo aparato que usara electricidad en la casa, lo cual hacía en ausencia de mis padres e incluso tenía un cronograma hecho, cada fin de semana mientras mis padres daban rienda suelta a su espíritu juerguero, yo le daba curso a la radiola (en esa época no había equipo de sonido), el televisor, la refrigeradora, la plancha, la lustradora, a los que desarmaba con inexorable éxito y armaba con dudosos resultados, esto último lo supongo por las piezas que me sobraban y que se constituyeron en mi primer lote de repuestos.
A los 8 años, El viejo me hizo ayudante de un amigo suyo que arreglaba radios y televisores en el barrio, lo que transcurrió sin mayores contratiempos y que sirvió para reafirmar mi vocación.
Al cumplir los 10 años mi padre comprendió que le salía más barato mandarme a estudiar electrónica a un CENECAPE (si no sabes que es pregúntale a tu papá) que mandar a arreglar los artefactos de la casa que yo me empeñaba en desarmar, o sea que me gané ese derecho a punta de mucho trabajo y esfuerzo. Es así que a los 13 años obtuve mi primer título a nombre de la nación como Técnico en Electrónica.
Para efectos de las clases en el CENECAPE me compró todo lo necesario para iniciarme en el mundo de la electrónica, excepto los destornilladores, fue entonces cuando me creó el trauma al espetarme "toda la vida me has quemado los destornilladores, ahora tú te vas comprar tus destornilladores" y lo juró "por Dios que los destornilladores no te los compro".
Desde entonces compro destornilladores casi todos los meses, tengo en casa alrededor de 200 destornilladores, sin contar los que regale o perdí.
Amigo(a) blogleyente, si sabe de alguna cura que no sea la acupuntura o la psicoterapia (los cuales ya probe y descarte), hágamelo saber por este medio, le quedare eternamente agradecido.
lunes, 7 de julio de 2008
D.T. Honoris Causa
A lo largo de mi vida, en varias ocasiones he apadrinado equipos de fulbito, ya sea de subordinados en la empresa de turno o alumnos de la universidad, haciéndome responsable del vestuario y de la logística necesaria (que no es mucha por si acaso). Ergo, dos juegos de ropa deportiva, dos pelotas, las bebidas respectivas (hay que ser bien tacaño para sólo ofrecerles naranjas) y uno que otro gasto en el alquiler de las canchas para las prácticas.
El que me trajo mayores satisfacciones fue un equipo de alumnos de la universidad, los peores, los que casi nunca venían a clases, los que ya llevaban el curso por tercera vez, los que estaba a la hora de inicio de clase estaban con short y zapatillas en el patio de la facultad.
Por lo que me extrañó verlos merodeando cerca al aula donde teníamos clase un Lunes. Cuando me disponía a ingresar, el que hacía las veces de cabecilla del grupo se acerco a mí:
- Profe, podemos hablar con usted.
- Si como no, al final de la clase (lo dije pensando que iban a pedir ayuda alguna para pasar el curso).
Entraron a clase, se sentaron en la última fila y fingiendo interés en la clase se quedaron hasta el final. Una vez finalizada la clase se acercaron en grupo, unos 8 en total:
- Profe, podemos pedirle un favor.
- ¿De qué se trata? (muy serio tratando de cortar por lo sano).- En 15 días es la semana de la facultad y va a haber un campeonato de fulbito y queremos pedirle que usted sea nuestro padrino.
- ¿Y yo por qué?
- Porque usted siempre habla de fútbol y sabemos que le gusta…
- ¿Y ustedes como saben eso, si nunca vienen a clases?
- Ya ve Profe, tenemos nuestros informantes…(dijo tratando de bromear)
- ¿Y quienes van a jugar?- Fulano, Mengano, Zutano ...(siguió mencionando incluso a aquellos que siendo ya mitad de ciclo, los conocía por la lista pero nunca les había visto la cara).
- O sea que el equipo de Los Relajados (lo dije con tono decepcionado).
- No pe´ Profe, no somos relajados …
- Profe, es que nosotros además de estudiar también hacemos deporte (dijo otro).
- Profe, si sólo nos dedicáramos a estudiar seríamos primer puesto como Perengano (agregó un tercero, haciendo referencia al nerd de la promoción).
- ¿Y yo cómo sé que ustedes juegan?
- Profe, pregunte si quiere, el año pasado quedamos sub-campeones, este año campeonamos de todas maneras.
- ¿Y si no campeonan?- Profe, usted sabe que no somos buenos para su curso, pero en la cancha si la rompemos...
- Ya está Profe, si no campeonamos nos jala a toditos (dijo otro de ellos arriesgándolo todo).
- Si, Profe (todos en coro, aceptando se jalados en caso de no campeonar).
- ¡Hecho!
Acepté pensando en lo injusto que sería jalar a uno de ellos si es que no campeonaban y obtenía nota aprobatoria, pero sus antecedentes los condenaban, eso sirvió para aliviar mis culpas. Me hicieron un presupuesto a grosso modo y les prometí el dinero para el día siguiente, luego de nombrar como capitán del equipo al cabecilla.
Dejaron de venir durante la semana y me nació la duda, pero a la semana siguiente, el Lunes se aparecieron casi todos en la clase, se sentaron en la última fila y creo que sólo esperaron que terminara la clase para hacerme entrega de un buzo rojo con una inscripción en la espalda que rezaba:

- Profe, esto es para usted...
- Gracias, no era necesario.
- Si Profe, usted va a ver, no lo vamos a defraudar.
- Profe, vamos para campeón (se animaron a gritar algunos).
Acudí a los partidos que pude durante los primeros días, el ver que iban ganando los partidos aumentó mis ambiciones de verlos ganar (eso diferencia a un ganador de un perdedor, cuando ganas te vienen la ambición de seguir ganando, cuando pierdes te acostumbras a perder), cuando otros colegas me preguntaban cual era mi equipo, respondía con orgullo "los de rojo".
Por supuesto que hubieron partidos bien reñidos, uno fue la final y el otro contra el código* anterior, les tuve que gritar de todo y como a hijos mientras en el borde de la cancha hacía "máscaras" (nombre que le puso mi esposa a la forma en que suelo rumiar mi cólera, por su semejanza con los gestos que hacia Jim Carrey para quitarse la máscara en la película del mismo nombre).
Y efectivamente campeonaron, a la hora de la premiación me llamaron y pude levantar una copa con orgullo de campeón, desde entonces me hice acreedor al titulo de D.T. Honoris Causa. El buzo rojo era mi carta de presentación los fines de semana en la Universidad.
De ellos, supe que cuando egresaron, pusieron una empresa de computadoras que hasta ahora mantiene un relativo éxito, el primer Gerente fue el capitán del equipo (ex-cabecilla) y que su primera contratación fue a Perengano, el nerd de la promoción.
*Código, dícese de una promoción de ingresantes en una universidad o instituto de educación superior.
El que me trajo mayores satisfacciones fue un equipo de alumnos de la universidad, los peores, los que casi nunca venían a clases, los que ya llevaban el curso por tercera vez, los que estaba a la hora de inicio de clase estaban con short y zapatillas en el patio de la facultad.
Por lo que me extrañó verlos merodeando cerca al aula donde teníamos clase un Lunes. Cuando me disponía a ingresar, el que hacía las veces de cabecilla del grupo se acerco a mí:
- Profe, podemos hablar con usted.
- Si como no, al final de la clase (lo dije pensando que iban a pedir ayuda alguna para pasar el curso).
Entraron a clase, se sentaron en la última fila y fingiendo interés en la clase se quedaron hasta el final. Una vez finalizada la clase se acercaron en grupo, unos 8 en total:
- Profe, podemos pedirle un favor.
- ¿De qué se trata? (muy serio tratando de cortar por lo sano).- En 15 días es la semana de la facultad y va a haber un campeonato de fulbito y queremos pedirle que usted sea nuestro padrino.
- ¿Y yo por qué?
- Porque usted siempre habla de fútbol y sabemos que le gusta…
- ¿Y ustedes como saben eso, si nunca vienen a clases?
- Ya ve Profe, tenemos nuestros informantes…(dijo tratando de bromear)
- ¿Y quienes van a jugar?- Fulano, Mengano, Zutano ...(siguió mencionando incluso a aquellos que siendo ya mitad de ciclo, los conocía por la lista pero nunca les había visto la cara).
- O sea que el equipo de Los Relajados (lo dije con tono decepcionado).
- No pe´ Profe, no somos relajados …
- Profe, es que nosotros además de estudiar también hacemos deporte (dijo otro).
- Profe, si sólo nos dedicáramos a estudiar seríamos primer puesto como Perengano (agregó un tercero, haciendo referencia al nerd de la promoción).
- ¿Y yo cómo sé que ustedes juegan?
- Profe, pregunte si quiere, el año pasado quedamos sub-campeones, este año campeonamos de todas maneras.
- ¿Y si no campeonan?- Profe, usted sabe que no somos buenos para su curso, pero en la cancha si la rompemos...
- Ya está Profe, si no campeonamos nos jala a toditos (dijo otro de ellos arriesgándolo todo).
- Si, Profe (todos en coro, aceptando se jalados en caso de no campeonar).
- ¡Hecho!
Acepté pensando en lo injusto que sería jalar a uno de ellos si es que no campeonaban y obtenía nota aprobatoria, pero sus antecedentes los condenaban, eso sirvió para aliviar mis culpas. Me hicieron un presupuesto a grosso modo y les prometí el dinero para el día siguiente, luego de nombrar como capitán del equipo al cabecilla.
Dejaron de venir durante la semana y me nació la duda, pero a la semana siguiente, el Lunes se aparecieron casi todos en la clase, se sentaron en la última fila y creo que sólo esperaron que terminara la clase para hacerme entrega de un buzo rojo con una inscripción en la espalda que rezaba:

- Profe, esto es para usted...
- Gracias, no era necesario.
- Si Profe, usted va a ver, no lo vamos a defraudar.
- Profe, vamos para campeón (se animaron a gritar algunos).
Acudí a los partidos que pude durante los primeros días, el ver que iban ganando los partidos aumentó mis ambiciones de verlos ganar (eso diferencia a un ganador de un perdedor, cuando ganas te vienen la ambición de seguir ganando, cuando pierdes te acostumbras a perder), cuando otros colegas me preguntaban cual era mi equipo, respondía con orgullo "los de rojo".
Por supuesto que hubieron partidos bien reñidos, uno fue la final y el otro contra el código* anterior, les tuve que gritar de todo y como a hijos mientras en el borde de la cancha hacía "máscaras" (nombre que le puso mi esposa a la forma en que suelo rumiar mi cólera, por su semejanza con los gestos que hacia Jim Carrey para quitarse la máscara en la película del mismo nombre).
Y efectivamente campeonaron, a la hora de la premiación me llamaron y pude levantar una copa con orgullo de campeón, desde entonces me hice acreedor al titulo de D.T. Honoris Causa. El buzo rojo era mi carta de presentación los fines de semana en la Universidad.
De ellos, supe que cuando egresaron, pusieron una empresa de computadoras que hasta ahora mantiene un relativo éxito, el primer Gerente fue el capitán del equipo (ex-cabecilla) y que su primera contratación fue a Perengano, el nerd de la promoción.
*Código, dícese de una promoción de ingresantes en una universidad o instituto de educación superior.
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