Cada ida a una tienda por departamentos con Elmito es toda una odisea, a sus dos años él quiere caminar, correr tocar, probar, tirar todo lo que encuentre a su paso.
Este fin de semana estábamos haciendo las compras finales de Navidad cuando de pronto Elmito se escapo de mis manos y se echó a correr hacia la sección de autos, en el camino se tropezó con una anciana, esquivó a la anciana y siguió corriendo, la anciana hizo el ademán de perseguirlo mientras decía “te chapo te chapo”.
Yo que iba detrás, alcancé a Elmito, lo levanté en peso y me lo puse en los hombros mientras le dedicada una sonrisa a la anciana.
Al regresar con mi esposa:
Mi esposa: ¿Qué le decía la señora?
Elmo: Te chapo, te chapo.
Mi esposa: ¿Y tú que le dijiste?
Elmo: Solo sonreí.
Mi esposa: ¿Por qué no le dijiste lo que siempre le dices a las demás?
Elmo: ¿Qué cosa?
Mi esposa: Que lo que le van a hacer a Elmito, te lo hagan a ti primero.
Elmo: No se me ocurrió.
Es la verdad, esta vez ni siquiera lo pensé.