Después de la clase final, alumnos y
profesor nos fuimos a celebrar en un bar de la céntrica Avenida Sáenz Peña en el
Callao.
En el interior de bar, solo una mesa estaba
ocupada por un par de parroquianos apurando los últimos sorbos de sus vasos, el resto de mesas lucían ordenadas aunque no necesariamente
limpias. Entramos en grupo, pedimos una caja de cervezas y una cocacola para mí.
Estábamos allí todos celebrando, recordando
anécdotas y repasando las frases memorables de los tres años en el CENACAPE, sin
perder la oportunidad de lanzarnos bromas este nosotros.
De pronto, un sujeto entró a la carrera,
entre agitado y desesperado, jaló una silla, se acomodo en nuestra mesa y dijo
"ustedes son mis amigos". Detrás del primer sujeto entraron otros
tres sujetos, él ultimo en entrar blandía un revólver en la mano izquierda. Los
dos sujetos empezaron a jalonear al primer sujeto mientras le
reclamaban una "mercaderia", el sujeto jaloneado cogió una de las botellas
de la mesa, la rompió contra el piso y se quedo con el pico de la botella con
la que amenazó a sus atacantes.
El sujeto del revólver le apuntó a la
cabeza al tiempo que le gritaba "quieto conchatumare" logrando que
el sujeto dejará el pico de botella y se pusiera de rodillas jurando por su madre
que lo habían cerrado con la "merca".
Todo ocurrió en cuestión de segundos y
cuando salimos de nuestro anonadamiento, el tipo del revolver nos hizo una seña
con el mismo revólver invitándonos a salir.
Salimos en grupo con la mayor diligencia posible dejando atrás ese ajuste de cuentas al que no estábamos invitados, caminamos en dirección al Real Felipe; la sirena de un auto policial se oía cada vez más cerca mientras el profesor me hacía prometer que no le contaría dicho episodio a mis padres.
Esto ocurrió hace 36 años.


